A sus 83 años, Don Crisanto se instala todos los días en la esquina de la Avenida Mercedes Indacochea – Huacho, a pocos pasos de la DIRESA, con un objetivo claro: vender sus jugos de naranja y ganar el sustento del día.
Su jornada no es sencilla. Quienes lo conocen o se acercan a comprarle, saben que deben hablarle fuerte. Don Crisanto enfrenta serias dificultades de visión y audición, lo que complica su labor y comunicación.
A pesar de su edad y sus limitaciones, él persevera. Sin embargo, al final de un largo día de trabajo, el esfuerzo se traduce en una ganancia de entre 9 y 10 soles. Según comenta, este modesto ingreso lo destina íntegramente a comprar y preparar sus propios alimentos.
La historia de Don Crisanto es un recordatorio de las batallas silenciosas que muchos adultos mayores libran a diario.
Se hace un llamado a la solidaridad de los vecinos y transeúntes. Si tienes la posibilidad de apoyarlo, comprando un jugo o brindándole una ayuda directa, tu gesto puede hacer una gran diferencia en su día.
Nunca sabemos qué necesidades y problemas tienen las personas que nos rodean, pero siempre tenemos la oportunidad de ser solidarios.
